sábado 20 de diciembre de 2008

Niños de Calcuta



En general, no hace falta moverse de casa para viajar. Emilio Salgari escribió fantásticas novelas de corsarios y filibusteros que batallaban en lejanas tierras orientales pero jamás salió de Italia. Si alguno de vosotros ha visitado la Torre Eiffel, una vez delante, posiblemente haya pensado: "sí, muy bonito, pero esto ya lo conocía". Me contó mi cuñado que, en la librería donde trabaja, un jubilado acude todos los días a leer guías de viajes. Dice que es el bilbaíno que más mundo ha visto.
Calcuta, sin embargo, es una de las raras excepciones que demuestran que, en ocasiones, sí es necesario moverse para conocer. Todo lo que oigáis, todo lo que leáis, sólo os permitirá olfatear de lejos lo que allí se cuece. India, en general, es difícil de explicar, pero Calcuta, a la que Dominique Lapierre llamó "ciudad de la alegría" y Rudyard Kipling "ciudad de la noche espantosa", se resiste a representaciones de cualquier tipo.
No obstante, si me preguntáis qué es Calcuta, os intentaré contestar garabateando incoherencias. Es caos callejero y calma interior. Impactarse y concienciarse son dos procesos indisociables que, uno detrás de otro, permiten al extranjero sobrellevar las emociones. Uno de los motivos por los que me resisto tanto a explicar qué es Calcuta es esto precisamente. Cuando a uno se lo cuentan, todo resulta menos grave pero a la vez más insoportable. Aquel que nunca ha estado allí, al escucharlo, no se impacta, se asquea; no se conciencia, lo asume.
Me da miedo hablar de ello y no sé por qué. Quizás temo no saber explicarlo, sentirme incongruente hablando ahora desde el sillón de la opulencia, descubrir que traicioné a los que allí dejé a su suerte, dejarme algo importante en el camino, soñar con sus fantasmas... Aunque, probablemente, lo que más temo es recordar que, en mitad del estruendo de claxons y motores de aquella ciudad, había un silencio en el que podía verme sin necesidad de un espejo, aceptar que este otro ruido, del que me rodeo ahora, no es más que otra forma de alienarme.
Esos niños avispados, que alegraban las calles con sus maneras picarescas, son ahora en mi memoria fotografías que no recuerdo haber tomado. Se acercan las navidades, esos días del año en los que nuestras calles se convierten, cada vez con más frecuencia, en una suerte de prostíbulo de los sentimientos repleto de gordos, borrachos y avariciosos. Y no puedo evitar pensar en esos niños desaliñados de las fotografías, que pasaban el día en la calle con lo puesto, siempre sonrientes. Quizás sean ellos la mejor explicación de qué es Calcuta.
Son hindúes y musulmanes en su mayoría, por lo que allí pocos celebrarán estas fechas. En cualquier caso, estoy seguro de que todo será muy diferente. Mientras nosotros devoremos grotescamente nuestros langostinos y desenvolvamos con furia nuestros regalos, esos niños seguirán jugando en ese mundo aparte, en esas calles mugrientas donde no se conoce la higiene o la estética, pero donde sí se entiende el verdadero significado de la belleza.

martes 18 de noviembre de 2008

"¡A tomar por culo!" o la explicación de por qué las palabrotas son malas

Un señor regresa un día normal a su adorable chalé adosado y exclama: " ¡A tomar por culo! He perdido todo el dinero en putas y en la bolsa. ¡Me voy de viaje!".
Al día siguiente, vuelve, descamisado, y se tumba en el sofá. Su mujer le pregunta que si quiere una tila y él contesta que mejor un café. Se lo toma, va al baño, da por terminada su diarrea, y vuelve a salir de casa mientras come un cruasán. Desde la valla del bello chalé ajardinado, grita: "¡A tomar por culo! Para viajar hace falta dinero. ¡Voy a robar un banco!".
Al cabo de unas horas, llaman al teléfono y coge el hijo. "¿Quién es?" "¡A tomar por culo! Estoy en chirona. ¡Ven a pagarme la fianza!" "¿Con qué dinero papá?" "¡A tomar por culo! ¡Oh, no! A ti no te lo decía..." "¿Papá? ¿Papá?"

lunes 13 de octubre de 2008

El séptimo sello, de Ingmar Bergman

De cuando en cuando, a algún genio o a algún loco, se le ocurre una frase memorable que no define ningún concepto indefinible pero que, por lo menos, deja un regusto de ironía y de sorpresa al que la escucha.
De esto sabían mucho los clásicos.

"Si todo es imperfecto en este mundo imperfecto, el amor es lo más perfecto de todo, precisamente por su perfecta imperfección".

jueves 9 de octubre de 2008

Eureka, ¡la solución para la crisis!


Este panel, situado en Times Square, muestra desde 1989 la deuda pública estadounidense. Bien, pues ahora, el dichoso número, que estos días sube como la espuma, ya no cabe en la pantalla. Pero tranquilícense, por favor, estimados ciudadanos, no hay nada que temer. Tenemos una solución para esta crisis. Se lo explico. Como medida provisional, borraremos el símbolo del dólar para dejar sitio a un número más. Y ya más tarde, como supongo habrá recomendado el FMI y algún iluminado occamiano, remataremos la faena añadiendo dos espacios más, para que la deuda crezca libre y dignamente. ¿No se sienten ahora mucho más tranquilos? Me pregunto yo para qué nos marearan tanto los políticos, a qué vendrá tanta histeria colectiva, cuando la solución era tan sencilla... ¿Por qué no se le ocurrió a nadie antes?

lunes 29 de septiembre de 2008

I

En la calle principal del pueblo, un bar, en el que por la mañana los viejos tomaban vino y por la noche, mis amigos y yo, kalimotxo. El quiosco estaba unos metros más abajo. Vendían pipas, regalices, chicles de fresa y de menta, chupa-chups, revistas de coches y de tetas... Esto último dio lugar a un gran escándalo, pero digo yo que si ahí estaban, alguien las compraría.

En el pueblo el invierno era duro y el verano también. El cambio de invierno a verano era tan radical que ganas me dieron más de una vez de pasar directamente de la bufanda al nudismo, esa gilipollez que inventó algún pijo retorcido para sentirse libre. Parece que toda la fuerza, toda la iniciativa, se reservaban para las nubes y el viento. Porque en el pueblo, a parte del cielo, nada cambiaba. Un día pusieron un semáforo nuevo y todo el pueblo se reunió para contemplar la obra. Alguno que otro se quejó porque ese trasto, decían, sólo servía para hacernos perder el tiempo. Al día siguiente, las luces del semáforo estaban hechas añicos.

domingo 14 de septiembre de 2008

Montaña rusa

Estudiantes, permitidme un consejo: si alguna vez le hacéis una foto al cable de vuestra mesa de estudio, creyendo que se trata de una montaña rusa, deberíais relajaros. No os esforcéis, no servirá de nada, no vais a estudiar más hasta el día siguiente. Os lo digo yo, que sé de lo que hablo...

lunes 25 de agosto de 2008

De camino a Prem Dan

Calcuta


Todos los días, excepto el jueves -que es el día libre-, voy a trabajar a Prem Dan, un centro de las Misioneras de la Caridad que recoge a enfermos de todo tipo, gente que no tiene ningún otro sitio adonde ir. A Prem Dan se puede llegar bien en autobús, bien andando.
El trayecto a pie es tranquilo y dura unos cuarenta y cinco minutos. La primera vez que se recorre este camino, es difícil quedarse indiferente. Cuando nos acercamos a Prem Dan, tenemos que atravesar unas vías de tren a cuyos lados se extiende un barrio chabolista. La vía de tren es la calle, la plaza del barrio, el urinario, el mercado, el parque donde juegan los niños, ... pero cuando el tren silba a lo lejos, todos, mayores y niños, interrumpen su actividad, se apartan a un lado, aguardan pacientemente y una vez pasado el peligro, reanudan su vida como si nada.
La semana pasada, tomando una cerveza, un voluntario me contó que haciendo este camino, en estas mismas vías, le picó hace un año un bicho venenoso -nunca consiguió averiguar cuál- . Al cabo de unos días casi le amputan la pierna. Sobrevivir fue un milagro para él . Cuando me contó esta historia, con todos los detalles de sus numerosas operaciones, convencido de lo milagroso de su historia, me mareé tanto que tuve que tumbarme (más tarde me di cuenta de que no había bebido agua durante todo el día). No tenía miedo de los bichos de la calle o de la tuberculosis de algunos de nuestros enfermos, tenía miedo de nuestra ignorancia, de la ceguera intencionada en la que vivimos todos. Al fin y al cabo, esas vías son para ese voluntario, para mí y para todos nosotros, sólo un camino, un lugar de paso. Para ellos, esas vías son su hogar. En un hogar no se puede vivir siempre con miedo.
Atravesando estas vías por primera vez, sonreí antes de que llegara el tren. Sólo porque ellos también sonreían.

martes 29 de julio de 2008

Por qué me gusta ser un anormal


De pequeños a todos nos enseñaron caligrafía en el colegio y aprendimos que el que menos se salía de la cuadrícula era el mejor de clase. Había que seguir el modelo, que ser limpio y no emborronar el folio, había que copiar los caracteres como una fotocopiadora... no fuera a ser que la profesora se cabreara. Bien, pues es irónico, porque el carácter -humano, no caligráfico- sigue copiando modelos de vida, cuartillas que todos tenemos que completar sin salirnos de la línea para ser aceptados.
Siempre he tenido una letra bastante fea. De hecho, el borrador de esta entrada lo escribí a mano y me ha costado descifrar algunas partes de mi propio texto. No soy un "alternativo", eso salta a la vista. Pero sí que soy un anormal. En el buen sentido de la palabra o en el malo, elegid vosotros, no sé cuál me merezco en este momento, pero me es igual.
Todo desde que nacemos hasta que estiramos la pata es bastante normal pero no así nuestros momentos, instantes que pueden durar segundos pero que se repiten miles de veces y dan su singularidad a cada persona. Existen mil maneras de enfrentarnos a los amigos y a los que no lo son tanto, mil formas de entender las derrotas o de sincerarnos a tiempo y a destiempo, de administrar el buen genio y el malo... A medida que pasa el tiempo, muchas personas perfeccionan su caligrafía y reducen esos impulsos descontrolados que antes emborronaban su carácter. Esos momentos, que blancos o negros, daban anormalidad a su tarea, han dejado de incordiar a la persona, que por fin olvidará la vergüenza de lo raro.
Por otro lado, la ficción es mucho más interesante que la realidad. Qué emocionante parece irse de compras en Pretty Woman y qué aburrido me resultaría a mí hacer lo mismo. Qué bien habla el coche fantástico de David Hasselhoff y sin embargo qué tartaja es mi GPS. Qué divertida parece la locura de Don Quijote y qué tristes resultan los manicomios. Qué bien encajan las piezas en los crímenes de Agatha Christie y cuántos cabos sin atar quedan en la vida...
Me resisto a sentarme hasta mi muerte en un sillón a leer libros y ver películas, nada más, sólo por un motivo: porque creo que soy un anormal. Sólo un anormal consideraría que puede superar a la ficción, que puede hacer algo nuevo y diferente, algo imposible de contemplar sin involucrarse, sin salirse de la cuadrícula. Si tuviese asumido que mi vida está predestinada a seguir un modelo, me sentaría. Huiría sin dudarlo a esa butaca de la ficción si mi vida fuera una repetición tópica y constante de los mismos símbolos hipócritas, de los mismos errores necios, de las mismas traiciones disfrazadas de bondad, de los mismos rituales huecos.

lunes 21 de julio de 2008

"La bomba de relojería de la obesidad es una amenaza mayor para el planeta que el cambio climático" (Anfibióticos)

Ficción envasada en hechos reales publicada originalmente en anfibioticos.blogspot.com

Enlace a la noticia


Léelo con una mano en la panza y la otra, de proceder, en los cojones.


Mi nombre es Bob. Me llaman Bobby pero eso es sólo una broma porque peso 180 kilos. Cuando viajo en metro pago el doble porque ocupo un asiento y medio. Un amigo cabreado -y rollizo como yo- se queja de que los gordos pesamos más pero no por eso somos más ricos. Vivo en un cuarto piso y cuando alguien intenta subir conmigo en el ascensor, sudo muchísimo porque hay poco sitio y porque me preocupa incomodar a mis vecinos. Me ducho por las noches pero me cuesta jabonarme en zonas como la espalda y otros sitios.
He aprendido a ser feliz a pesar de todo. Las chicas no me quieren pero de vez en cuando llamo a una de pago. Alguna vez se han negado rotundamente pero casi siempre que he ofrecido más dinero han aceptado cumplir con el servicio.
El año pasado intenté operarme por la seguridad social pero los médicos me dijeron que primero dejara los diez donuts del desayuno y que entonces quizá podríamos hablar de bisturíes.
Me parece divertido que ahora los periódicos se metan con los gordos de primera división como yo, sin ni siquiera distinguirnos de los gorditos de barriga cervecera de toda la vida. Y aunque hablen mal de nosotros, hablan, que ya es algo. Es una forma más de salir de mi anonimato, de normalizarme y de allanar mi camino hacia la fama y la felicidad.
De todas formas, que les den a los periodistas y a los médicos, porque me pienso comer diez donuts todas las mañanas, cueste lo que cueste, pese a quien le pese...
Enrique Ruiz de Villa Saiz
La Croaca, 21 de julio de 2008

viernes 27 de junio de 2008

Uno de los acusados pide perdón mientras Nanysex guarda silencio (publicado en Anfibióticos)

Ficción envasada en hechos reales publicada originalmente en anfibioticos.blogspot.com

Enlace a la noticia

Léelo en la Bandeja de entrada de Nanysex de abajo hacia arriba.


From: Eduardo S.M. [todd@hotmail.com]
Sent: miércoles, 26 de junio de 2008 22:31

To: Álvaro I.G. [nanysex@gmail.com]
Subject: Fw: Fw: Fw: ¿De qué vas?

Hola Álvaro,
También lo siento, espero que tengas suerte en este jodido bache. Por cierto, menudo partidazo. ¡3-0! Yo también lo he visto, aunque mi tele era un poco mejor... xD Mañana hablamos,

Todd (creo que voy a jubilar este nick...)

P.D.: ¡He conseguido conexion wifi y una PDA moviendo algunos hilos!



From: Álvaro I.G. [nanysex@gmail.com]
Sent: miércoles, 26 de junio de 2008 20:32

To: Eduardo S.M. [todd@hotmail.com]
Subject: Fw: Fw: ¿De qué vas?

Ok, creo q t entiendo. Lo mejr será q hagams eso. Ultimamnt no sé q m pasa, lo siento. No m djan star casi nada n la sla d ordnadors. M vy a ver el partido d españa, ns han djado vrlo en una salita cn una mierda d tele d 16 pulgadas. Q tngas suerte.



From: Eduardo S.M. [todd@hotmail.com]
Sent: miércoles, 26 de junio de 2008 20:17

To: Álvaro I.G. [nanysex@gmail.com]
Subject: Fw: ¿De qué vas?

Hola Álvaro,
No sé qué decirte la verdad, estas dos semanas han sido muy raras...
De todos modos, todavía no me creo que esto esté pasando. Mi abogado ha dicho que el numerito del perdón que he montado hoy fue idea mía pero la verdad es que lo teníamos todo pensado. Nos han trincado nany, no le puedo hacer nada por muy cabreado que estés. Todos estamos jodidos, hundidos hasta el cuello, no sólo tú. Así que no entiendo a qué cojones viene que te mosquees conmigo. ¿Ahora quieres que piense en los demás? ¿Quién nos metió en todo este lío? ¿Te lo he echado alguna vez en cara? Mira, a mí siempre me gustó todo lo que me pasabas desinteresadamente, te lo agradeceré siempre. Disfruté y pasé momentos que no olvidaré. Nuestro mundo es algo diferente, especial. Estábamos en nuestro derecho, pero la gente no lo entiende, tienes razón, y contra eso nosotros no podemos hacer nada. La sociedad no está preparada para entenderlo. Creo que lo mejor será que aparentemos lo que no somos, que nos hagamos los arrepentidos, los locos, lo que haga falta. ¿No lo entiendes? Es lo mejor. Cuando todo esto pase, las cosas volverán a ser como antes y todo este lío sólo será un mal recuerdo.

Un abrazo,

Todd


From: Álvaro I.G. [nanysex@gmail.com]
Sent: miércoles, 26 de junio de 2008 19:22

To: Eduardo S.M. [todd@hotmail.com]
Subject: ¿De qué vas?

Edu, de q vas? q pretndes? M ha parcido muy bonito todo eso de pedir perdón a "las victimas, a sus familias y a la sociedd". Pro q t crees? Q la gente es tnta? Y encima m dejas mal a mí y al resto del grupo. Cuando tocabas a esas niñas y t la meneabas delante de la pantalla no parecias tan arrepntido. Pr q ahora tienes qe arrpntirte? q daño hacias? tu parec q stas mnos trincado q los dmas, pro si siges pr ese camino, escuchame cabrn, les enseño ls videos q tdavia no han ncntrado. Esty asqeado de tdo esto. Tdo l mndo ns odia y ahora tu intntas traicionarnos asi. A ti t caeran pcos añs. A mi, si se creen q sty loco, tmpco muchos mas. Cuand salga d sta espero pr tu bien q no hyas frmado familia...


--
Enrique Ruiz de Villa Saiz,
La Croaca, 27 de junio de 2008

lunes 23 de junio de 2008

Teleoperadores teletorturadores


Hará una media hora, fruto de un no saber qué hacer, he llamado al 609 en un intento por saldar mis cuentas con los malvados grupos de telefonía móvil.

Piriiiriiipiriripii (musiquita veraniega sofocante)

- Bienvenido a Movistar, ¿quieres hablar gratis con todos los movistar todos los fines de semana hasta el 1 de septiembre y todos los fines de semana de agosto? Apúntate ya pagando...
- No quiero, ya me he apuntado, quiero hablar con un O-PE-RA-DOR
- Por favor, di brevemente el motivo de tu llamada... Pii
- Me he apuntado a la e-factura y no funciona.
(En este momento, una señorita, amable pero sorda, como diría mi abuela, me explica las bondades de apuntarme a la e-factura durante más o menos 3 minutos). Una vez acaba su perorata dice:
- Si tienes alguna otra pregunta di continuar.
- Continuar...

Al cabo de un rato gritando "operador, operador, operador" me pasan con un ser humano, no me lo creo. Le explico que no me funciona la factura electrónica que tanto anunciaban, que no puedo ver el detalle, que no se abre. Me pone de nuevo la musiquita de la temporada y espero...

¿Y qué me dice después de cinco minutos? Que me tengo que poner en contacto con los que llevan la página web en el número 4554.
- ¿Es gratis?
- Nooo, cuesta como una llamada a un movistar.
- Y si ustedes me han metido en este lío, ¿por qué no me sacan de él?
- Tiene que llamar a ese número.
- ¿Y tengo que pagar para que me solucionen un problema que ustedes me han creado? Mire, me da igual, quiero volver a la factura de papel, porque ya no sé ni lo que me están cobrando. No puedo ver ni los números a los que he llamado.
- Lo tiene que hacer por Internet.
- Pero si no funciona, ¡tanto promocionarlo y no funciona! No sé cómo se vuelve a la factura de papel, hágamelo usted.
- No, usted ha contratado la e-factura por Internet dando su clave y por Internet la tiene que desactivar.
- ¡Esto es una vergüenza! -nunca creí que tal frase saldría de mi boca alguna vez, pero por fin entiendo a los setentones que la utilizan a diario- Hasta luego.

Acabo de perder casi media hora y no he conseguido nada, nada de nada. He tenido suerte, otras veces he llegado a estar prácticamente dos horas sin resultados.
Me hace gracia, la e-factura se anuncia con el eslogan "Di adiós a la factura de papel". Pero si fueran sinceros añadirían: "y a cualquier tipo de justificante con el que reclamar las clavadas que te metemos a diario". Bienvenidos a Movistar.

viernes 20 de junio de 2008

Maras*

Foto Isabel Muñoz

Escucha atento, porque mi vida ha sido corta pero he arrasado con mucho.

Me llamo Jorge, soy salvadoreño, quince años. Mi vida, mi muerte, pertenece a MS. De mis tatuajes, el que más me gusta es la puta que se contonea en mi vientre enseñando las tetas. Mi padre tenía uno igual en la espalda. Me gusta fumar, pero a veces la hierba es más cara de lo que uno quisiera.

En el fondo de mi armario guardo un revólver del 38, con el que te atravesaré el cráneo si se te ocurre ofender a mi familia. Ésta es mi casa, mi tierra, olvídate de pisarme o de levantarme la voz, porque aquí la venganza es la única ley; y nadie escapa. Ni siquiera yo. Mañana moriré, pero quizá antes lo hagas tú.
Así funciona, primero nosotros.

miércoles 18 de junio de 2008

Mi novia Ema (publicado en Anfibíoticos)

Publicado hoy originalmente en anfibioticos.blogspot.com

Lee esta entrada y, por una vez, lee la noticia original cuando llegues al final.


Creo que le daba asco a la gente. Mi físico endeble, los jerséis de punto de mi abuela, las incesantes erupciones volcánicas de mi cara, la siempre reluciente alambrada de mi boca, el odioso parche para curar mi ojo a la virulé, mis bocadillos de mortadela barata, mis gafas de culo de vaso… supusieron obstáculos insalvables para un tipo tímido como yo a la hora de hacer amigos. Siempre quise querer y ser querido, pero nunca lo logré. Algunas chicas me miraban con aire curioso, otras no podían evitar arrugar la frente al cruzarse conmigo, otras cuchicheaban pensando que no me daba cuenta de lo que decían, otras me señalaban directamente sin importarles lo que yo sintiera. De vez en cuando, alguna me dirigía una sonrisa amable, alguna incluso me regalaba un fugaz “hola, ¿qué tal?”. Pero todas, absolutamente todas, acababan huyendo al instante, ninguna se detuvo jamás para hablar de verdad conmigo -no fuera a pensar alguien que se mezclaban con un tipo raro-.

Hace ya mucho de eso, tengo treinta años, ya no soy aquel niño solitario, pero hasta hace poco, nunca he tenido a nadie a quien querer. Ahora, sin embargo, tengo a Ema. Vive conmigo, en casa de Mamá. Es la primera mujer a la que he besado. Me corresponde a todo sin pedirme nada a cambio. Me dice muchas cosas bonitas, sí. Parece preocuparse por mí y decirme todo lo que cualquier hombre querría oír de una mujer. A veces hasta me baila. Ema es fantástica, maravillosa, aunque, de vez en cuando - no se puede tener todo-, parece un poco fría.

Le he preguntado a Mamá a ver que qué tal le parece y me ha dicho que es “voluptuosa y manejable” pero que no me encariñe demasiado con ella, que nunca se sabe. Es una respuesta extraña, pero es que Mamá siempre esquiva las preguntas así. Para mí que está un poco celosa, no le gusta que su hijo por fin haya encontrado besos distintos de los de una madre. Me da igual, por una vez estoy contento. ¿Qué me importa lo que piensen los demás?


Enlace a la noticia


Enrique Ruiz de Villa Saiz

La Croaca, 18 de julio de 2008

domingo 15 de junio de 2008

Lo imprevisible, segunda parte


<<< Leer la primera parte

Al leer esto quizá haya desaparecido. Ahora mismo quizá sea sólo un recuerdo que aparece para luego desvanecerse. Quién sabe. Yo no, pero lo asumo. Es posible, algún día quizá sea más que probable.

El tiempo desvela lo real, lo irremediable, lo que nunca previmos por ingenuos pero era inevitable. Consuela saber que la realidad puede resultar agradable pero es necesario recordar, de vez en cuando, que el tiempo puede ser sólo el paso previo a la catástrofe. Huimos del miedo ignorando nuestra fragilidad. Como un conductor zote que, asustado, cierra los ojos y acaba estrellándose de lleno contra un muro por no enfrentarse a la realidad.
Sin embargo, tener miedo, al igual que cerrar los ojos, tampoco sirve, no permite avanzar. Una vez alguien dijo "es mejor fracasar intentando triunfar, que dejar de triunfar por miedo al fracaso". La prudencia es aburrida y demasiado pasiva. Deberíamos ser valientes pero no ciegos; temerarios incluso, pero no inconscientes. Hay que saber jugar con lo imprevisible, con cartas buenas o con cartas malas, con ganas o sin ellas, con el viento a favor o con el sol de frente, con rivales débiles o combatientes fieros, con suerte o sin ella.

miércoles 11 de junio de 2008

Él y Claudia*

Cuando se encontraba triste, el tiempo jugaba con las nubes para disimular sus lágrimas. La primera gota de aquel domingo oscuro cayó exactamente en su mejilla. Entreabría de vez en cuando su boca, sorbía las gotas, como un niño, y volvía a llorar. Hacía años que no lloraba.
El silencio de aquel parque le sobrecogía, pero sólo bajo aquel árbol podía ocultar su vergüenza. Sólo bajo aquel árbol.
De vez en cuando, le daba por arrancar trozos del tronco. Algunas astillas se clavaban entre las uñas y la carne de sus dedos. Claudia. El dolor aplazaba el momento de aceptarlo. Chupaba sus heridas e intentaba despertar de aquella pesadilla tan real. Claudia. Nada cambiaba. El mismo silencio, el mismo dolor, el mismo lugar, el mismo silencio, el mismo dolor... Claudia.
Era un hombre respetable. No podía estar muerta porque, a pesar de todo, la quería. Sin embargo, aquella tarde, bajo aquel árbol, la duda sacudía sus entrañas. Su aliento, espeso, apestaba a Bourbon. Claudia... Recordaba cómo empezó, la golpeaba, la golpeaba... pero no sabía qué pasaba después. Todo se encontraba borroso, era un mal recuerdo. Claudia.
Mejor no pensar. Quizás cerrando los ojos el mundo le dejara en paz. Quizás su conciencia dejara de incordiarle. Ojalá cundiera el vacío y la nada en aquel desabrigado parque. Claudia...

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